Mi mundo relativo

20 mayo, 2010

Cuatro

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Todos gritaban y saltaban. Lucían orgullosos los colores de su equipo ganador. Sus banderas y estandartes y las mismas camisetas que ellos llevan cuando están el campo, trabajando. Algunos se abrazaban en grupo y cantaban canciones y ascendían a un estado límbico y supremo de bienestar. Todos en comunión con su equipo ganador, llorando de alegría, sudando su camiseta como ellos en el campo. Igual que ellos. El equipo ganador se merece todos los honores. Está libre de toda mácula y es infinito en su perfección. El equipo ganador es bueno y reparte alegría y bienestar espiritual a cada uno de sus admiradores. El equipo ganador es poderoso y tiene a sus pies un ejército de acólitos dispuesto a morir por él. Que defenderá a capa y espada esos colores y esa camiseta. Que no dudará en realizar el sacrificio necesario, sea cual sea, para ingresar en el limbo de los elegidos para la gloria. Acudirá gozoso al templo cuando le sea requerido y nunca protestará. Allí, apiñado, transformará su devoción en un acto de fe total, ayudado por cánticos creados ex profeso. Su equipo tendrá que sufrir el ataque del equipo contrario. Sus golpes. Sus patadas y empujones. Las lesiones sufridas serán la prueba de su esfuerzo. De su sacrificio. De su capacidad de resistencia para el martirio. ¡Dios salve y proteja a nuestro equipo ganador! ¡Por los siglos de los siglos, amén!

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31 marzo, 2010

Tres

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Fuimos los dos. Ella y yo salimos por la tarde hacia el centro para ver una exposición de arte. Ella es artista. Muy buena. Yo hago mis cosas también pero no alcanzo su altura. Dejamos el coche un poco lejos a propósito para poder pasear un poco. Cruzamos la plaza y entramos en el edificio dispuestos a embebernos de arte. Arte moderno. Conceptual. Circulamos por las diferentes salas con diferentes artistas con diferentes técnicas. Pero iguales en el mensaje. ¿Nos adaptamos al mundo u obligamos al mundo a adaptarse a nosotros? Salimos a la calle un poco decepcionados. Nos pasa siempre. Y no es cosa de la edad. Nos pasa siempre. Nos ha pasado siempre. Paseamos un rato por las calles del centro. Viendo escaparates. Entrando en las tiendas. Como si todavía estuviésemos en la exposición miramos todo lo que tenemos al frente. A los lados. Alrededor. Nos tomamos un chocolate mientras hablamos y nos miramos. Un beso. Oscurece. Volvemos a casa. Ha estado bien la tarde. Artísticamente bien.

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26 marzo, 2010

Dos

Archivado en: Sin categoría — pergoblog @ 8:33

Hoy las perras se entrecruzan, como siempre, entre mis piernas. Es su manera de advertir su presencia para que les dé comida o para que juegue con ellas. Con un pedazo de pan seco son las criaturas más felices del mundo. Comer, dormir, jugar, pasear, correr. Ellas hacen todo el día lo que yo sólo puedo hacer los fines de semana o en vacaciones. Si vuelvo a nacer quiero ser perro antes que persona otra vez. Las personas son muy complicadas. Las relaciones personales son, muchas veces, difíciles. El sistema de vida ideado por las personas, basado prácticamente en la economía, es nefasto. Mis perras, en cambio, se rigen por motivos vitales muy básicos y nada complicados. Comer, dormir, lamer mis pies, dormir de nuevo, jugar. Sin más pretensiones. La felicidad en estado puro. Muchas personas no son ni una centésima parte de felices que ellas. T me dice que siempre tendrá perros. Que siempre tendremos perros. De lo que ella no se da cuenta es de que son ellas, las perras, las que nos tienen a nosotros. Vamos camino de la simbiosis, del intercambio de papeles. Vamos bien.

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24 marzo, 2010

Uno

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21-03-2010. En un lugar indeterminado de la provincia de Barcelona. Me levanto temprano con la idea de salir a caminar toda la mañana. No encuentro acompañante, así que salgo solo. Es la primera vez que salgo solo a caminar. Siempre lo he hecho acompañado de amigos o de ella. La perras también nos acompañan a veces, pero se cansan enseguida y, al final, tenemos que llevarlas en brazos. Llego en coche al punto de salida pero sin rumbo fijo hacia dónde ir o llegar, así que dejo que los pasos fluyan y me dejo llevar. Estoy dispuesto a cansarme y sentir el dolor en las piernas. No bajaré el ritmo. El sendero es cuesta arriba y pedregoso y llego a la cima mejor que otras veces. Cruce de caminos. Que decidan las piernas. A la derecha, pues. Ahora el camino es una pista plana y sinuosa. Me cruzo con algunos ciclistas. Hola. Hola. Viñas y pinos a mi alrededor. La procesionaria está presente en muchos de ellos y algunos gusanos ya corren ciegos por el suelo. Algunos agonizan tras el paso de las ruedas de los ciclistas y los aplasto con la bota para evitarles más sufrimiento. Nuevo cruce. Dejo la pista y giro a la derecha por un nuevo camino. Hay muchos árboles caídos aún del viento del año pasado. Otros están partidos en dos, medio derecho y la otra mitad caída, inseparables. Cruzo la carretera y sigo por una nueva pista. Vuelvo a cruzar la misma carretera más adelante y continúo por otra pista. Me adelanta una caravana de quads que maldigo y me cubre de polvo. Pasado el pueblo abandonado empieza el festival de los escopeteros. Malditos. Parece la verbena de San Juan. O un país en guerra. El sonido de los disparos me sigue hasta casi el final del camino. Criminales analfabetos. Llevo ya cinco horas andando sin parar y las piernas, aunque duelen, responden perfectamente. Los últimos metros, de bajada, los termino corriendo. Me siento bien.

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